Álex Palou, el último pionero del deporte español que ni quiere ni necesita a la Fórmula 1

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Severiano Ballesteros, Ángel Nieto, Fernando Alonso, Carlos Sainz (padre), Carolina Marín, Manolo Santana, Federico Martín-Bahamontes, Fernando Martín… y ahora Álex Palou. España tiene un nuevo pionero en sus libros de historia del deporte, algo que se ha convertido en todo un símbolo del carácter nacional y que casi trasciende a la propia idiosincrasia del país en otros ámbitos.

La nación española ya era un país de conquistadores en otros ámbitos. Colonizar fue sinónimo de ver la enseña ibérica (incluso antes de que fuera rojigualda) en tierras ignotas durante siglos, algo que se ha heredado en el ADN de los actuales descubridores: los deportistas son los actuales héroes y sus victorias son las gestas que sirven de argumento a las elegías de los trovadores, hoy periodistas.

Como aquellos asos como el de Palou se dan muy pocos. No es el primer español que ha disputado la IndyCar, ya que antes de él estaban Oriol Servià (el más exitoso hasta el momento) o incluso el propio Fernando Alonso, al que las 500 millas de Indianápolis se le han atragantado de momento en su búsqueda de la Triple Corona. Pero sí tiene una forma de acercarse al trabajo muy distinta.

Posiblemente por influencia del bicampeón asturiano, la pregunta a Palou es obvia para el gran público: ¿quiere competir en la Fórmula 1? Su respuesta no puede ser más elocuente: “Si es Chip Ganassi el que va a la Fórmula 1, voy de cabeza. Si no, no hay equipo en Fórmula 1 en el que yo pueda ganar y como más disfruto es ganando“, señaló, antes de zanjar el debate: “A mí no me llama salir en las revistas, a mí me llama ganar”.

Palou dio un volantazo cuando estuvo cerca de seguir a sus viejos rivales en el karting. Hombres como Max Verstappen o Carlos Sainz compartieron asfalto con el recién proclamado campeón de la IndyCar, pero gracias a los consejos de Adrián Campos, su ‘padre’ deportivo (como el de tantos otros, empezando por el propio Alonso), hizo carrera lejos de la F1.

La apuesta que hay en torno a Palou en Estados Unidos no es menor. Hablar de Ganassi es hablar de toda una institución en la IndyCar (y en el automovilismo en general), que tiene su propio ecosistema y sus propias reglas, ajenas totalmente al Gran Circo. Fue él quien le llamó para formar parte de su equipo, incluso contraviniendo la lógica (esta ha sido su segunda temporada en América) y es Ganassi quien quiere convertirle en el heredero de un Scott Wilson que fue el primero en entregarle el cetro de campeón.

Hubo un tiempo en el que los pilotos de Fórmula 1 iban a América a triunfar allí, hombres como Emerson Fittipaldi (que ganó también con Ganassi), Mario Andretti o Nigel Mansell. Campeones todos ellos que acabaron triunfando también en los óvalos y ruteros bacheados del certamen americano. ¿Por qué iba a hacer el camino inverso Palou?

A sus 24 años, y después de haber probado ya en la Super Fórmula japonesa (otro de esos universos paralelos del automovilismo ajeno a la F1), Palou acaba de empezar su camino en la Indy. Quizá consiga enganchar al gran público a un deporte fascinante. Como hizo Seve, o Nieto, o Alonso, o Santana, o Marín, o Bahamontes…

España ha encontrado un nuevo ídolo al que mirar. La relevancia del título de Palou, además de por sí mismo, viene por la simiente que puede dejar en el público. ¿No subieron las licencias de golf tras los éxitos de Ballesteros? ¿No hubo más ‘hijos’ de Nieto en los circuitos? ¿No hay más niños que se suben a un kart tras Alonso? ¿Habría un Nadal sin aquel Wimbledon de Santana?

Palou no sólo es consciente de lo que ha logrado, sino que acepta el reto con orgullo. “Para España debe ser increíble y que más gente conozca la IndyCar y que el año que viene nos apoyen más, que sea como una bola que se vaya haciendo más grande”, deseó. Cambien IndyCar por el deporte ‘de moda’…

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