Así es el estadio Krestovski, donde España jugará contra Suiza: el mas caro de Europa

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El estadio Krestovski, construido para el Mundial de Rusia 2018, es considerado el más caro del continente. Además, su construcción fue más larga que la del coliseo romano, más de una década, lo que estuvo a punto de poner de los nervios al presidente ruso, Vladímir Putin.

Con forma de platillo volante y un techo retráctil, asistir a un partido en el también conocido como Gazprom Arena es como ir a la ópera. No importa la temperatura que reine a orillas del Golfo de Finlandia, el fútbol no dejará fríos a los 68.000 espectadores que caben en sus gradas.

Los futbolistas españoles lo comprobaron en sus propias carnes. El 14 de noviembre de 2017, poco después del centenario de la Revolución Bolchevique, disputaron en ese escenario un amistoso ante Rusia.

Fuera del estadio, frío y nieve. Dentro, más de 20 grados. El partido fue lo de menos, aunque los rusos opusieron resistencia. Jordi Alba abrió el marcador, Sergio Ramos marcó dos goles de penalti y Smólov puso en evidencia a la defensa española con dos golazos.

Unos 45.000 espectadores asistieron en directo al partido, mientras en los cuartos de final del viernes, debido al coronavirus, el estadio sólo podrá acoger unos 30.000 aficionados.

El rival de España también sabe lo que es jugar en el Krestovski. Fue en los octavos de final del Mundial ante Suecia, un partido al que asistieron más de 64.000 espectadores. Los escandinavos derrotaron a los suizos por la mínima con gol de Forsberg, una de las estrellas de la actual Eurocopa.

Los aficionados no tienen que andar mucho para llegar, ya que las autoridades locales han abierto una nueva estación de metro, Zenit, justo delante del coliseo y con espectaculares vistas al Golfo de Finlandia.

Si algún jugador de un club español quiere saborear la victoria en este estadio, ya que sabe lo que tiene que hacer. Llegar a la final de la Champions League que se celebrará a finales de mayo de 2022 en San Petersburgo.

Otro partido histórico que se jugó en la antigua capital zarista fue la semifinal mundialista entre Francia y Bélgica, una final anticipada. La generación dorada de los Diablos Rojos desperdició su oportunidad, aunque fue mejor que la máquina gala en la primera media hora. Un gol de Umtiti les dejó con la miel en los labios al comienzo de la segunda parte. Los “blues” acabarían alzándose con el trofeo.

Con todo, el Zenit, el campeón de las últimas tres ligas rusas, es el dueño del estadio. Bueno, el dueño es el consorcio gasístico Gazprom, el patrocinador del club más poderoso de Rusia.

En las inmediaciones del estadio se puede ver el edificio más alto de Europa, el Centro Lakhta, con casi 500 metros de altura. La torre, que tiene forma de mazorca de maíz -por eso le llaman “kukuruza”-, es el símbolo del poder de una de las mayores corporaciones del mundo.

Eso sí, la construcción del estadio fue una auténtica odisea. Fueron diez años de escándalos de corrupción, impagos, el uso de mano de obra esclava, cambios de diseño, empresa construtora y aforo, y un desorbitado coste, que finalmente superó los 1.000 millones de dólares, un poco menos que el estadio de Wembley, que acogerá las semifinales y la final de la Eurocopa.

“Es una historia muy triste”, reconoció Putin en su momento al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que asistió en la primera fase de la Eurocopa a un partido en San Petersburgo.

Cuando comenzaron las obras en 2007, el ministro de Deportes, Vitali Mutkó, dijo que sería inaugurado en dos años. Le faltaron otros ocho para acertar. También es verdad que el diseñador del estadio, el japonés Kise Kurokawa, murió ese mismo año.

Sólo cuando Putin puso el grito en el cielo, las obras se aceleraron. Y es que, debido a la devaluación del rublo, la empresa constructora admitió que no podía asumir los costes del proyecto. Mientras, el Zenit disputaba sus partidos en el vetusto estadio Petrovski, con 20.000 asientos.

El césped también causó un montón de quebraderos de cabeza. El estadio fue inaugurado en abril de 2017, pero después volvió a cerrar sus puertas cuando el técnico del Zenit, Mircea Lucescu, criticó el estado del campo a escasas semanas para la Copa Confederaciones.

El defensa serbio Branislav Ivánovic, antiguo jugador del Chelsea, tuvo el honor de marcar el primer gol en el Krestovski el 22 de abril de 2017 en partido de liga entre el Zenit y el modesto Ural.

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