Así murió la Superliga: traiciones, protestas en la calle, amenazas de la UEFA, negociaciones del Fair Play…

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La UEFA sale victoriosa del pulso que le han echado doce de los principales clubes europeos. Real Madrid, FC Barcelona, Atlético de Madrid, Juventus, AC Milan, Inter, Manchester United, Manchester City, Arsenal, Liverpool, Tottenham y Chelsea habían acordado formar una Superliga europea, un proyecto que venía a revolucionar el fútbol especialmente desde el punto de vista económico.

Es este factor, y no otro, el determinante. Lo explicó Florentino Pérez, ‘alma mater’ del proyecto y director de orquesta, en su entrevista en El Chiringuito. “La UEFA dice que va a empezar en 2024 (la nueva Champions). ¡En 2024 estamos muertos! Hay clubes que han perdido cientos de millones en los dos últimos años, de la liga inglesa, italiana y otras”, argumentaba el presidente del Real Madrid, declarando esta Superliga como la competición que iba a “salvar el fútbol” prácticamente de su extinción.

A las 48 horas después del primer anuncio, la Superliga ya estaba herida de muerte. Los ingleses fueron los primeros en dar la espantada, pese a ser de los fundadores, presionados por todas partes. Desde el Gobierno con Boris Johnson a la cabeza hasta el mismísimo Duque de Cambridge y futuro Rey, el Príncipe Guillermo. Jugadores de los propios equipos involucrados, entrenadores como Pep Guardiola

Pero sobre todo fue la presión de la UEFA y el mercadeo con ellos lo que hizo que los seis primeros ‘traidores’ a la Superliga se echaran atrás. No es casual que los primeros en irse fueran el Manchester City y el Chelsea. Dos de los actuales semifinalistas de la Champions League vieron con temor cómo la UEFA podía expulsarsles de la competición, pese a las dudas judiciales que existían (según un juzgado de Madrid no podían hacerlo).

Las manifestaciones de los fans a las puertas de sus respectivos estadios y las propias reuniones de los jugadores hicieron el resto… con la UEFA anunciando por detrás una política más laxa en el asunto del ‘fair play’ financiero. Incluso se especuló con que el organismo presidido por Aleksander Ceferin les había adelantado dinero para convencerles.

La UEFA ya cantaba victoria antes de que este miércoles cayeran en cascada los demás equipos. Andrea Agnelli, presidente de la Juventus (y gran amigo de Ceferin hasta el momento) hablaba de un “pacto de sangre” horas antes de que la realidad les golpease: no tenía sentido continuar sin los ingleses.

La puñalada a la Superliga se la dieron antes incluso de su nacimiento.

Este proyecto nació años atrás, en 2016. El Bayern de Múnich y el PSG, dos de los adalides contra esta idea, se echaron atrás en medio de la negociación. En el Juego de Tronos que se convirtió el pulso entre la ECA (Asociación de Clubes Europeos) y la UEFA por el reparto del dinero, los alemanes fueron de los más beligerantes al respecto en las primeras refriegas.

Karl-Heinz Rummenigge, presidente del conjunto bávaro, se expresaba así en aquel entonces: “Podemos crear un campeonato europeo con los mejores clubes de Italia, Alemania, Inglaterra, España y Francia bajo los auspicios de la UEFA o de una organización privada. Sería un campeonato con veinte equipos e incluso se podrían jugar algunos partidos en América y Asia”. Cinco años después, miente.

“El FC Bayern no ha participado en la planificación de una Superliga. Estamos convencidos de que el actual modelo del fútbol garantiza una base seria. El FC Bayern acoge con satisfacción las reformas de la Champions League porque creemos que es el paso adecuado para el desarrollo del fútbol europeo. La ronda preliminar modificada contribuirá a generar más tensión y emoción a la competición”, declaró en la propia web del Bayern.

El evidente cambio de criterio del actual campeón de Europa restaba mucha fuerza al argumento de la Superliga, y la UEFA era consciente de ello. Por eso, en cuanto Agnelli anunció que dimitía como presidente de la ECA, Rummenigge fue premiado con su cargo. Roma no paga traidores, pero la UEFA no es Roma.

El cúmulo de factores por los que la Superliga ha fracaso no son ajenos al propio proyecto. Hay uno clave: la comunicación.

Difícilmente se puede anunciar un campeonato de la magnitud que pretendía ser este de peor manera. ¿Cómo se les ocurre anunciarlo a las 12 de la noche del domingo con un comunicado casi a escondidas? ¿Cómo puede ser que elija El Chiringuito, un programa nocturno en un canal que no está entre los principales, para dar las explicaciones casi 24 horas después, dejando a sus rivales la iniciativa para crear el discurso contrario al torneo?

Tanto por el tiempo transcurrido como por el escenario, la sensación de poca fiabilidad o seriedad de la idea ha jugado en su contra. Florentino fracasó en la batalla del relato… y con él, fue lo demás.

Queda por ver qué secuelas deja esto. La figura de Florentino Pérez queda seriamente dañada por ser el único en haber dado la cara públicamente en las primeras horas, y aunque de momento resiste, empiezan a sonar tambores de dimisión forzada. Acaba de ser reelegido para otros cuatro años.

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