Balance de España en los Juegos Olímpicos de Tokio: mismas medallas, menos oros y más diplomas que en Río

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Hablar de fracaso en el deporte siempre es relativo a varios elementos: en primer lugar por las expectativas, después por los rivales y por último por los precedentes.

España cierra los Juegos Olímpicos de Tokio con 17 medallas, repartidas en 3 oros, 8 platas y 6 bronces. Un resultado que les ha permitido acabar en el puesto 22º del medallero, una clasificación no oficial en la cuentan más el número de oros que el número de preseas en total. Así, un país puede con 20 platas (por ejemplo) y 1 oro estará por detrás de otro que logre sólo 2 oros.

Usando este baremo como punto de referencia, en la comparativa con los anteriores Juegos, España lo ha hecho peor en Tokio que en Río. Se lograron 17 medallas igual, pero fueron 4 oros más, además de 4 platas menos y los mismos 6 bronces. Sin embargo, estos números son relativamente engañosos.

La bajada de oros y subida de platas viene acompañada de un destacado aumento de los diplomas olímpicos, es decir, resultados del 4º al 8º. En Río, este número fue de 38; en Tokio, de 42. De ellos destaca el aumento de 4ºs, es decir, los que se han quedado a un paso del podio: de seis a ocho. En números globales, 179 de los 322 (un 56%) deportistas españoles han acabado entre los ocho mejores del mundo.

Aquí tiene mucho que decir el atletismo, con once finalistas y una medallista, Ana Peleteiro.

Igual que ha habido sorpresas notables en lo positivo, también se han perdido ocasiones de oro. Literalmente en este caso.

Las bajas de Jon Rahm en golf por Covid y de Carolina Marín y Orlando Ortega por lesión, la temprana eliminación de Niko Sherazadishvili en judo, el cambio de peso de Lydia Valentín, la caótica preparación en el piragüismo que ha privado a Saúl Craviotto a repetir de nuevo en el podio como en Río (el K4 500 partía como favoritísimo para el oro y se conformó con la plata), o el bajón notable de Mireia Belmonte son algunas candidaturas más que destacadas para los Juegos de Tokio que, por diversas circunstancias, no han cumplido las expectativas.

Los tres oros que se han logrado son en deportes nuevos en este ciclo: karate de katas (Sandra Sánchez), tiro olímpico mixto (Alberto Fernández y Fátima Gálvez) y escalada (Alberto Ginés). Las tres disciplinas cambiarán (las katas desaparecen, de hecho) en París 2024, lo que implica que no se defenderán estos éxitos bajo el actual formato. Sin embargo, ha quedado patente que incluso en condiciones complejas como estás, el olimpismo español aún tiene mucho que decir.

Países del entorno de España, como Italia, han superado con solvencia las expectativas, tanto en medallas como en diplomas. No es tanto por la mayor financiación, que también, sino por un concepto mayor: la cultura deportiva.

El caso de Alberto Ginés es ejemplarizante: se entrena en paredes de menor tamaño que los que ha tenido que superar en Tokio. Centros prometidos pero no finalizados, como el Centro Acuático junto al Wanda Metropolitano, cuyas obras llevan paralizadas años y que explican en parte el vacío de la piscina española. Sandra Sánchez tuvo que dejar la competición durante unos años para cuidar de su madre enferma por falta de recursos. Ellos son campeones olímpicos, pero entre los que ni siquiera pasan de las primeras rondas, infinidad de casos.

La relación PIB/Resultados deportivos es uno de los factores a tener en cuenta en otros países. Gonzalo Pérez de Vargas, jugador de la selección española de balonmano que ha logrado el bronce, era claro: “En Francia y estos países hay mucha inversión y mucha estructura”.

Uno de los apoyos financieros principales para ayudar a los deportistas es el plan ADO, cuya colaboración público/privada dio tantos éxitos en el ciclo entre Seúl 88 y Barcelona 92. En el último, entre Río y Tokio, se ha vivido el mayor descenso histórico de fondos.

El caso italiano es notablemente destacable, por la similitud demográfica con España. Ha llevado 383 deportistas, de los que 270 son militares o policías, aproximadamente un 70%. La colaboración entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado italiano y el CONI (que equivale a una unión del CSD y el COE) está dando sus frutos, cada vez más: 40 medallas, 10 de oro, 10 de plata y 20 de bronce. Pero la gran diferencia estriba en lo económico: más de 70 millones de euros de presupuesto, por poco más de 40 en España. Y las perspectivas en este sentido no son muy halagüeñas.

Pese a las notables deficiencias, los resultados obtenidos y las perspectivas con jóvenes que vienen pujando muy fuerte invitan al optimismo. Adriana Cerezo ya ha sido plata y apunta al podio tanto en París como en Los Ángeles, y jóvenes talentos como la catalana Ai Tsunoda en judo (viene ganándolo todo en categoría junior e incluso senior) o las prometedoras canteras de baloncesto (Garuba) o balonmano (Uxue Morentin o las hermanas Tchaptchet) pueden dar grandes alegrías.

Alejandro Blanco, presidente del COE, es optimista. “Hay deportistas increíbles con un gran futuro, son jóvenes y muchos tienen diploma. Ya estamos en París, ahora tendrán un descanso pero en septiembre y octubre ya empieza la clasificación para los siguientes Juegos”, señala el dirigente español, antes de pedir más apoyo político. “Se debe hacer un programa específico para esos deportistas y deportes que tienen un horizonte optimista de cara a París y a Los Ángeles”, pidió.

Este ciclo olímpico es distinto, más corto. Por un lado eso implica que muchos de los jóvenes que han estado en Tokio para estrenarse llegarán mucho más maduros a París; por otro, que muchos veteranos estirarán para llegar. Lo que queda claro es que hay mucho trabajo por delante y no sólo en los campos de entrenamiento o pabellones, sino también en los despachos.

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