David Beriain y su pasión por Osasuna: "Aquí el único orgullo y el único perdón posible es dejárselo todo en el campo"

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David Beriain siempre se mostró orgulloso de sus orígenes. No en vano, la productora ‘93 metros‘ que él mismo fundó se llamaba así en honor a su abuela Juanita, porque esa era la distancia que había entre su casa y la iglesia donde iba a rezar. Navarro de pro, siempre fue un gran aficionado al equipo de fútbol de su comunidad: Osasuna.

Bien podía estar tres días en una selva entrevistando a un altísimo mando de las FARC, que nada más pisar España se interesaba por lo que había hecho su club. Nunca ocultó sus colores, que llevaba con orgullo. Su afición al fútbol y al deporte, en general, le permitieron tener charlas más distendidas con personas que, en un abrir y cerrar de ojos, podían acabar con su vida.

Aunque su labor profesional nunca estuvo cerca del deporte, más allá de su afición, sí tuvo tiempo para mostrar su cariño a Osasuna en un momento muy difícil para el conjunto navarro. En enero de 2017, cuando el equipo estaba en una situación muy complicada (ese año acabaron descendiendo), Beriain escribió en la revista oficial. Aquel reportaje se titulaba “Un navarro cabezón”, que bien podría haber sido el encabezado de un texto autobiográfico más allá del propio fútbol.

Fue una temporada convulsa para Osasuna. Tres entrenadores en un año y sólo cuatro victorias en la temporada, eso no hizo que los aficionados se bajaran del carro. En el texto que escribió Beriain explicó por qué era de este equipo y qué sentía.

Lo escribió en la jornada 20, cuando aún restaban 17 para consumar el descenso, y de aquel texto, destacó una parte concreta, que titulaba “Que recuerden”.

“Son días de calculadora. de mirar para arriba y no alcanzar siquiera a ver esa línea que separa la salvación del infierno. Días en que a uno se le hace trizas el alma al tirar de reglas de tres – tantos puntos llevamos, tantos partidos jugados, tantos faltan- y darte cuenta de que, aunque uno es un zote en matemáticas, basta para saber que pintan bastos. Son esos días jodidos en que uno mira al futuro con el único deseo de ver algo del glorioso pasado.

Y quizás es ahí, queridos compadres del sentimiento rojillo, donde esté nuestra esperanza y, Dios quiera, la salvación. En el pasado, en la memoria de lo que ha sido y es Osasuna, en su herencia, en sus valores, en su legado. En que quienes encarnan hoy estos colores dentro y fuera del campo encuentren en la historia y la identidad la fuerza necesaria para luchar hasta el final. Que recuerden.

Quizás en este fútbol moderno de jugadores nómadas, ¡quede alguno que todavía no sepa de qué estamos hablando! Se lo recordamos:

Aquí no se rinde ni Dios. Aquí el único orgullo y el único perdón posible es dejárselo todo en el campo. Hasta el último minuto del último partido. Aquí se le hace entender al contrario que al Sadar no van a venir a jugar… Van a venir a sufrir. Aquí honramos nuestro pasado”.

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