Dos décadas de sequía olímpica en el judo español: "El exceso de responsabilidad les ha pesado"

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Este año era el año. Dos décadas después de que Isabel Fernández se hiciera con el oro en los Juegos de Sídney, el judo español podía volver a hacer historia. Cuatro de los siete deportistas que representaban a nuestro país llegaban como medallistas en el último mundial, celebrado en Budapest el pasado junio. Y uno de ellos, Niko Shera, era quien entraba en todas las apuestas para llevarse no solo una medalla olímpica, sino el oro como bicampeón del mundo que se había coronado semanas antes.

Posiblemente esa sea una de las causas por las que no haya subido al pódium. Así, al menos, lo cree Manuel Jiménez, profesor en el gimnasio que lleva el mismo nombre y entrenador de judo tecnificación en la Federación Madrileña. “El exceso de responsabilidad les ha pesado”, afirma. Todas las miradas estaban puestas en el español de origen georgiano, que finalmente quedó en séptimo lugar en Tokio. Incluso lejos de las medallas, el suyo fue el mejor resultado de toda la delegación española. Solo tres deportistas consiguieron pasar de la primera ronda, mientras que el resto cayó en el primer combate sin posibilidad de repesca. “El resultado no ha sido bueno”, reconoce con visible tristeza el presidente de la Federación Española, Juan Carlos Barcos.

El día de la inauguración, el propio Niko reconoció la presión que sentía. “Siento la presión, como la sentí cuando en 2018 gané mi primer título mundial, pero es necesario para competir bien. Veo positivamente que la gente crea que puedo ganar la medalla de oro. Es bueno”, señaló. El día de su competición, en cambio, las sensaciones fueron muy diferentes. “Desde fuera le vi la mirada en el primer combate y no era él. Ganó el primero y el segundo, pero no veías al Niko de siempre, que arrasa“, recuerda Barcos. Los que le conocen, no le reconocían. “Niko sonríe antes de entrar al tatami, le encanta competir. Aquí le veía resoplar antes de entrar”, coincide Javier Alonso, profesor del Judo Club Alicante y entrenador de varios deportistas olímpicos, entre ellos Isabel Fernández.

El primer combate, a priori muy asequible, le costó más de la cuenta. Lo ganó en la técnica de oro, igual que el segundo. El tercero cayó estrangulado por el ruso Mijaíl Igolnikov, con quien se ha enfrentado en múltiples ocasiones y el resultado de la repesca no fue mejor. El uzbeco Davlat Bobonov, a quien ganó precisamente la medalla de oro en el mundial, le arrebató la oportunidad de seguir luchando por el bronce. “Desde el primer combate me preguntaban que tal estaba, si estaba bien. Yo decía que sí para tranquilizarles, pero muy dentro de mí, sabía que no estaba así“, reconoció Niko tras la derrota.

Los siete que viajaron a Tokio venían de obtener grandes resultados en el mundial y el europeo. Desde la federación sopesan si la cercanía de un campeonato de tanto nivel a la fecha de unos Juegos ha podido pasar factura, aunque se decantan más por el aspecto mental. “No es sano para un deporte que te acuerdes de ellos cada cuatro años. A un judoca en Francia se le trata como estrella todo el año, pero en España pasamos de los judocas. No les pasa a otros países, que cuidan más de eso. Niko es el mejor de su peso de siempre, nunca le preguntan ni qué hora es y dos días antes la olimpiada lo llaman, lo ponen en entrevistas… Puede ser que eso pese mucho también”, dice Javier Alonso.

La pandemia también es otro factor que puede haberles pesado por el cambio de entrenamiento que se han visto obligados a efectuar. “Un campeón no puede entrenar con un equipo reducido, le hacen falta 40 o 50 personas de sparring. Yo he tenido que dar clases en el CAR -Centro de Alto Rendimiento- en el parque, en la calle y sin contacto. Eso a nuestro deporte le perjudica muchísimo“, incide Manuel Jiménez.

Las medallas en los Juegos, coinciden, no son un reflejo del nivel del judo español, que a lo largo de la historia ha cosechado grandes éxitos. No hay que remontarse a Isabel Fernández (oro en Sídney 2000 y bronce en Atlanta 1996); Míriam Blasco (oro en Barcelona 1992) o Almudena Muñoz (oro en Barcelona 1992). Más recientemente ha habido importantes resultados internacionales, empezando por el bicampeonato del mundo de Niko Shera, que le ha hecho pasar a la historia de este deporte por ser el único judoca masculino en ganar un oro mundial.

María Bernabéu, pese a no pasar del primer combate en Tokio, logró un diploma olímpico en Río 2016 por su quinto puesto y ha sido plata y bronce en dos mundiales, en 2015 y 2017, respectivamente. También Francisco Garrigós, una de las grandes apuestas en estos Juegos, logró un tercer puesto en el mundial del pasado junio.

Y aunque no haya foto de pódiums olímpicos, “en todos los Juegos nos hemos quedado cerca”, remarca Javier Alonso. Además del diploma olímpico de Bernabéu hace cinco años, Leire Iglesias y Esther San Miguel alcanzaron el quinto puesto en Pekín 2008 y anteriormente, en Atenas 2004, lo hicieron Óscar Peñas y Kenji Uematsu.

Entrenadores y federación no dudan de la presión que supone esta competición, donde en una sola jornada un deportista se juega el trabajo de todo un año y donde, a diferencia de otros deportes, un pequeño error puede costar un combate y, por ende, el campeonato. No obstante, el análisis profundo se hará a la vuelta de vacaciones tras digerir este resultado en Tokio. “Hay que hacer un análisis y una reflexión. Hay que preguntarse cómo encontrar caminos para llegar a los juegos en mejores condiciones”, reitera Barcos, que transmite su apoyo a los deportistas y llama al optimismo. “Ahí está París -la próxima cita olímpica-, no hay otra historia. En judo, uno de los principios es que cada vez que caes hay que levantarse”.

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