Eduardo Camavinga y la tragedia que le obligó a convertirse en la gran esperanza de su familia

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Pese a tener sólo 18 años, Eduardo Camavinga ya tiene más vida hecha que muchos otros de su generación. El nuevo centrocampista del Real Madrid llega a España con la intención de seguir creciendo, después de haberse convertido en una de las grandes esperanzas del fútbol francés, tanto por devoción como casi por obligación.

En la vida de todo deportista de élite hay un momento clave, un punto de no retorno. Puede ser un partido, un fichaje, una lesión… En el caso de Camavinga fue una tragedia. No viene de una familia pudiente, ni mucho menos: sus padres tuvieron que dejar Angola para llegar a Francia. Tras un corto paso por Lille, se asentaron en un pequeño pueblo cercano a Rennes, donde el joven Eduardo empezó a jugar al fútbol.

Su envergadura (actualmente mide 1,85) y su fortaleza física le convertían en un deportista perfecto para muchas disciplinas, y probó con judo y atletismo antes de centrarse en el balompié. Sus condiciones llamaron la atención de Nicolas Martinais, el entrenador del Drapeau-Fougères (la localidad donde vivían), y le empezó a preparar más en serio. Su padre también entró en el club, en el equipo sénior.

Pero todo cambió de la noche a la mañana: la casa familiar ardió. Fue durante el día, mientras él y sus cuatro hermanos estaban en la escuela, su madre haciendo la compra y su padre en el matadero donde trabajaba, pero lo perdieron todo. Los Camavinga tuvieron que pedir ayuda a los servicios sociales y gracias a una colecta organizada por Martinais pudieron conseguir ropa, muebles y hasta juguetes para todo. La profunda fe religiosa que profesan los padres del hoy jugador del Real Madrid ayudó en unos momentos tan críticos.

De aquel incidente, Camavinga aprendió lo que era el esfuerzo. Su padre le colocó como la esperanza de la familia, consciente de que con su potencial y su carácter podría brillar. El centrocampista empezó a tomarse mucho más en serio los entrenamientos, y pronto le vieron los ojeadores del Rennes.

Apenas estuvo un año en el filial del equipo bretón, ya que enseguida debutó con la primera plantilla: con 16 años, 4 meses y 27 días se convirtió en el futbolista del Rennes más joven en disputar un partido oficial y también de la propia Ligue 1, superando la marca de un Kylian Mbappé con el que podría acabar compartiendo equipo en el Real Madrid.

Con el gran deseado por el club blanco ya ha compartido selección absoluta: debutó en septiembre de 2020, con sólo 17 años, convirtiéndose en el futbolista más joven en disputar un encuentro con los ‘bleus’ desde 1945. Por entonces ya estaba en la agenda de posibles incorporaciones de los principales clubes del mundo, con el Madrid en la ‘pole’ para hacerse con sus servicios.

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