El final más cruel en las 24 horas de Le Mans: el coche de Robert Kubica pierde la victoria en la última vuelta

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La 89ª edición de las 24 horas de Le Mans, marcadas por el debut de la tecnología ‘hypercars’, demostró una vez más esa máxima que dijo hace tiempo el histórico Jacky Ickx: el circuito es quien elige a su ganador.

Esta cita ha resultado el fin de la maldición que perseguía al trío del Toyota 7. Después de perder dos victorias cantadas de las últimas cinco (una por una rotura de motor en la última vuelta y otra por un pinchazo, que propició que Fernando Alonso lograra su segunda victoria aquí). Kamui Kobayashi, José María López y Mike Conway, víctimas de la mala fortuna en años anteriores, lograron una victoria de prestigio por delante de sus compañeros del Toyota 8 (Buemi, Nakajima y Hartley) y del Alpine 36, en una carrera que comenzó con agua y los debutantes del equipo Glikenhaus como grandes protagonistas: se llevaron por delante al 8 en los primeros compases de carrera.

En una prueba de todo un día, la lógica apunta a que debe ser relativamente previsible conocer a los ganadores de las cuatro categorías (Hypercars, LMP2, GTEPro y GTEAm) con un tiempo de margen.

Pero Le Mans es una carrera especial y quienes lo han sufrido en primera persona son los que iban a ser los ganadores de la categoría de plata. El Team WRT, en su primera participación en las 24 horas, estuvo a una vuelta (se dan más de 360) de consumar un memorable doblete, pero la fortuna y la mecánica les fue esquiva. Yifei Ye, compañero de Robert Kubica y Louis Deletraz, se quedó tirado cuando ya estaba en las últimas curvas de la carrera. Literalmente, perdió una victoria cantada.

Este cruel final para ellos permitió a sus compañeros del coche 31 heredar la victoria. Entre los tres pilotos de este prototipo se encuentra Ferdinand de Habsburg, hijo del Archiduque de Austria y heredero de todos los derechos dinásticos de una de las casas nobiliarias de mayor abolengo de Europa.

Tres españoles tomaron la salida de las 24 horas de Le Mans, pero sólo uno acabó en el podio. Roberto Merhi, expiloto de F1 que competía en LMP2, abandonó por un feo accidente de uno de sus compañeros cuando afrontaba la madrugada en el circuito de La Sarthe. El castellonense iba a subirse al coche a continuación.

Los otros dos estaban en la categoría GTEPro. Miguel Molina, al volante del Ferrari 52, se quedó fuera de combate por una avería en la suspensión que les hizo perder más de media hora. Todo quedó en manos del veterano Antonio García, excompañero de Fernando Alonso en los primeros tiempos y gran amigo del asturiano.

El piloto madrileño peleó por la victoria hasta las últimas horas al volante del nuevo Corvette C8.R, pero se tuvo que conformar con el segundo puesto. En el podio, eso sí, se acordó de alguien muy especial: el fallecido Adrián Campos, que fue su primer mentor y un gran amigo. Durante esta carrera, compitió con un casco en su homenaje.

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