El talón de Aquiles de Fernando Alonso en su vuelta a la Fórmula 1 queda al descubierto en el GP de España

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El equipo Alpine fue una de las escuderías que leyó mal el GP de España y cuál era la estrategia óptima. Aunque Montmeló es, históricamente, una carrera a dos paradas, los franceses como Red Bull intentaron hacer sólo una y cuando quisieron reaccionar ya fue tarde. El resultado fue nefasto: en las últimas vueltas Esteban Ocon cayó al 9º puesto final (podía haber sido un 7º, al menos) y Fernando Alonso se hundió al 17º, si bien en su caso hizo dos paradas al final y no una como el francés.

Cuando Alonso entró a hacer la segunda ya había caído de los puntos, por lo que tanto daba ser 13º que 17º. Además, el pobre rendimiento que ya mostraba ahí con unos neumáticos medios destrozados quizá hubiera acabado hundiéndole aún más, por detrás de los Haas.

La estrategia es responsabilidad de Alpine, pero los problemas de Alonso con las ruedas no se explican sólo en las decisiones del muro. En este circuito, Ocon ha sido mucho más consistente y no es la primera vez. En la adaptación del español a la vuelta de la F1 hay una asignatura que todavía no está logrando superar.

Uno de los rivales que tuvo Fernando Alonso en este GP de España fue Lance Stroll. El canadiense de Aston Martin adelantó dos veces al español, primero después de la reanudación tras el coche de seguridad y al final de carrera cuando Alonso ya iba sin neumáticos.

Fue en el primer incidente cuando se vio que algo no va bien. Después de unas vueltas tras el ‘safety’, las ruedas sufren un súbito enfriamiento, lo que afecta a su agarre y, por tanto, su comportamiento. Antiguamente las Pirelli lograban recuperar el punto óptimo de temperatura mucho antes, pero con el progresivo endurecimiento de su compuesto, cuesta cada vez más. Así se explica que Alonso, que reanudó la carrera sin mayores problemas, se fuese largo en su defensa sobre Stroll, cuando pugnaba por mantener el 10º puesto. Ese adelantamiento le obligó a ir a la defensiva con respecto a sus rivales, como Sebastian Vettel, y luego la estrategia lo acabó de pifiar todo.

Alonso ha admitido dificultades durante lo que va de temporada en la gestión de neumáticos. El rango de temperatura para un comportamiento óptimo es mucho más estrecho ahora que cuando se fue y la ausencia de una pretemporada en condiciones o más entrenamientos le está pasando factura.

Ocurrió Montmeló, en Portimao y antes en Imola. Siendo los jueces de la actual Fórmula 1 (la mejor prueba de ello es la propia victoria de Hamilton), saber cómo gestionar los Pirelli separa de un buen resultado de un malo. Especialmente cuando se lleva un Alpine y no un Red Bull.

Alonso no es el único que está padeciendo en este sentido y todos los que han cambiado de equipo desde 2020 lo están sufriendo. El caso de Sergio Pérez, con el otro Red Bull, es evidente: un piloto que habitualmente destacaba por su capacidad para estirar el rendimiento óptimo de las ruedas está adoleciendo seriamente en su cambio al equipo de las bebidas energéticas.

Cada Gran Premio que pase se reducirán estos problemas. El propio Alonso pide tiempo y paciencia para acabar de adaptarse, pero en cuanto lo haga, la ventaja de Ocon se verá reducida. El foco sigue siendo 2022 y en carreras en las que no sea tan vital este factor, puede dar la campanada. Mónaco, siguiente cita del año, por ejemplo.

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