El vicepresidente de Surinam, de 60 años y buscado por narcotráfico, se puso a sí mismo a jugar en un partido de su equipo

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El Inter Moengotapoe, un equipo de Surinam del que pocos habían oído hablar hasta ahora, se ha convertido en el centro de atención del fútbol por uno de sus jugadores. Jugó apenas media hora y no participó mucho en el encuentro contra el Olimpia de Honduras, pero no se trata de un cualquiera: era Ronnie Brunswijk, vicepresidente del país, dueño del equipo y otras muchas cosas.

Este empresario es todo un personaje. Además de formar parte del gobierno, Brunswijk, de 60 años, no tuvo ningún problema en ponerse la camiseta de su equipo, el brazalete de capitán y hacer el saque del encuentro. Aguantó casi media hora en el partido, en el que no pudo hacer nada para evitar el 0-6 con el que cayeron derrotados.

Brunswijk no podrá jugar el partido de vuelta porque, entre otras cosas, pesa sobre él una orden de busca y captura por parte de la Interpol. Si sale del país, debe ser arrestado ya que pesan sobre él varias causas, entre ellas varias de narcotráfico. Por ello, no podrá viajar a Honduras.

El ínclito ’61’ del equipo local fue noticia después del encuentro porque en varios vídeos que han empezado a circular en las redes sociales se le ve repartiendo fajos de dinero a jugadores, tanto de su equipo como del hondureño. La Concacaf ya ha advertido que abrirá una investigación al respecto.

Este partido ha sido el último episodio de una vida, cuando menos, movida de Brunswijk. Tiene 50 hijos reconocidos (en el país aseguran que tiene varios ilegítimos más) y en su juventud fue guardaespaldas de Desi Bouterse, dictador del país entre 2010 y el verano de 2020, cuando fue depuesto con un golpe de estado… en el que él mismo participó.

Por el camino se hizo rico gracias a los negocios con las minas de oro y los aserraderos del país, amén de posibles negocios ilegítimos por los que le buscan las autoridades.

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