España sobrevive a la montaña rusa de la fase de grupos de la Eurocopa: del mar de dudas a la euforia

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La selección española terminó la fase de grupos de la Eurocopa cumpliendo y pasando a los octavos de final donde ya espera la selección de Croacia. Los de Luis Enrique dieron una ‘masterclass’ contra Eslovaquia para amarrar la clasificación como segundo, goleando y gustándose, algo muy necesario después de las enormes dudas que han rodeado al equipo en las últimas semanas.

España parece haber llegado ya a la Eurocopa. Tarde, pero justo a tiempo para la fase decisiva del torneo. La incertidumbre lleva acompañando a la selección desde que se publicó la lista de convocados, siguiendo por la corta preparación con solo un partido y con los dos primeros partidos que no convencieron de que este equipo pudiera ser candidato al título.

El debut contra Suecia dejó un sabor amargo. El equipo mostró un buen juego, pero unas grandes carencias, no solo para anotar, sino también para generar ocasiones. El juego fluía a las mil maravillas hasta llegar a los tres cuartos de cancha, donde salvo en ocasiones contadas de Jordi Alba y Koke, España se atascaba y no sabía qué hacer con la pelota.

Finalmente, la Roja tropezó en el primer encuentro con un 86% de la posesión… pero solo cinco disparos a puerta. Además, las pocas llegadas de las que disfrutaron los suecos generaban más peligro del que debían dando una preocupante sensación de endeblez defensiva, sobre todo a la contra.

Ese juego plano e insulso se plasmó en el siguiente partido, contra Polonia, aunque por lo menos se pudo celebrar el primer gol de España en el torneo. La inclusión de Gerard Moreno en el once por aclamación popular dotaron al equipo de algo más de verticalidad, pero las sensaciones seguían sin ser buenas. Morata, el más criticado en el partido anterior, se desquitó anotando en la primera parte, dando tranquilidad a la selección, pero en la segunda volvió el caos y con el caos, más dudas.

Lewandowski empataba el duelo para Polonia poco después del descanso, pero a penas dos minutos después, el árbitro señalaba penalti para la Roja. No obstante, este se ha terminado en el mayor enemigo de la Selección en los últimos partidos, a la par de un equipo encerrado como fueron sus dos primeros rivales. La dupla Gerard Moreno – Morata defraudó, con el primero fallando la pena máxima y el segundo el rechace a portería vacía, condenando a España a un nuevo pinchazo.

La relación con la afición tampoco parecía ayudar, con el punto álgido del “enfrentamiento” entre los dos antes del duelo contra Polonia, cuando la afición acudió al hotel de concentración a despedirse de los jugadores y solo Jordi Alba alargó un poco el brazo para saludar a los presentes. La falta de líderes y de grandes estrellas, junto con la sensación de ser una selección con poco carisma solo empeoraba el ambiente que rodeaba al equipo.

No obstante, los de Luis Enrique demostraron este miércoles su carácter en un partido en el que se jugaban todo a una carta. En frente, una Eslovaquia que pese a ser sobre el papel la peor selección del grupo, le valía un empate para estar en los octavos, y eso hacía temer que también se encerrasen y complicasen enormemente el partido a España.

Nada más lejos de la realidad, ya que la Selección, por fin, volvió a convencer y demostrar su mejor fútbol. No fue nada fácil, ya que mismamente en el partido las cosas se pusieron muy cuesta arriba, por lo menos en lo anímico. La maldición de los penaltis volvió a interponerse en el camino de la Roja, siendo Morata esta vez el que falló desde los once metros.

Tras dos jugadas muy claras en las que España perdonó para abrir el marcador, un favor de Dubravka quitó la presión al equipo y estos, por fin, desplegaron su mejor juego. Por supuesto, los cambios del seleccionador fueron claves para este punto de inflexión, con el equilibrio de Busquets en la medular, la seguridad de Azpilicueta en defensa y la apuesta particular de Luis Enrique, Sarabia, que fue de lo mejor de la Roja en el ataque.

Una montaña rusa de emociones y sensaciones. A base de trabajo, España ha logrado encontrarse finalmente en la Eurocopa, justo a tiempo para los octavos, en la que se medirá a la Croacia de Modric. Ahora, toca enfriar los ánimos, poner los pies en la tierra y traducir esa mejora en el partido contra los eslovacos en hábitos. Saber que España nunca estuvo tan mal, pero que, por ahora, tampoco está tan bien.

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