Florentino Pérez y las grandes estrellas del Real Madrid: una relación que suele acabar mal

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No era la primera vez que Sergio Ramos tensaba la cuerda con el Real Madrid y con su presidente, Florentino Pérez. Hace unas temporadas, el matrimonio a poco estuvo de saltar por los aires, pero un suculento nuevo contrato facilitó el abrazo y posterior reconciliación.

El dinero ejerce casi siempre de pegamento ante cualquier roto, pero esta vez no ha podido ser y el de Camas dejará el Real Madrid de una manera cuanto menos extraña, pues por mucho homenaje que el club anuncie, las formas no equivalen a la dimensión del jugador que se marcha. Y más allá de repartir culpas entre el jugador y el presidente (que ambos la tienen), la trayectoria de Florentino en el palco presidencial está tan marcada por los trofeos ganados como por las estrellas despedidas de mala manera.

Había llegado Pérez a la presidencia del club en 2000 con Luis Figo de la mano, y nada más llegar abrió la puerta de salida a uno de los buques insignias del equipo, Fernando Redondo. “Me tocó en el amor propio que el Madrid me vendiera”, diría años después el argentino, cuya marcha dejó con el corazón partío a buena parte de la afición del Madrid, que incluso se acercó al Bernabéu para protestar por la marcha de su ídolo al Milán. 18 millones le mandaron a tierras italianas.

Apenas un día después de ganar la Liga en 2003, el capitán del Real Madrid y su entrenador enfilaron la puerta de salida. El famoso ‘Motín del Txistu’, donde se cuenta que Hierro y Pérez subieron y mucho el tono de sus palabras, dejó al malagueño en la calle tras una noche de cuchillos largos en la que se tenía que celebrar un título y aquello fue un funeral. Del Bosque se fue con él. Nunca olvidaría, y sigue doliendo, aquella excusa/razón del presidente madridista para prescindir de él y fichar a Carlos Queiroz. El técnico que coleccionaba ya dos Champions era antiguo y su libreto estaba obsoleto.

No es una leyenda del Real Madrid, quizás un escalón inferior, pero fue el primer galáctico que llegó y el primero que se fue, camino de Italia tras cinco años de blanco. Su relación con Florentino no acabó bien y no han sido pocas las veces que las chinitas han volado desde Portugal a La Castellana. “Él es mi presidente porque es el presidente de mi club, el Real Madrid. Yo no comparto sus ideas pero lo respeto. Seguramente es un hombre muy poderoso y muy influyente y solo espero que haga bien las cosas en el club”, dijo a modo de despedida.

Varios años tardaron -fue en 2013- en despedir como se merecía a otro de los grandes capitanes del Real Madrid. Se fue al Schalke en 2010, después de que la afición exigiera hacerle un pequeño homenaje abriendo las puertas del estadio. El club tan solo había previsto una rueda de prensa para decirle adiós. Otra vez las formas…

La despedida de Iker fue un desastre, reconoció el mismo Florentino cuando echa la vista atrás y recuerda aquel 2015 que despidió al mejor portero en la historia del club. Las dos partes se equivocaron en aquella esperpéntica rueda de prensa a la que Casillas acudió en solitario, pues así lo quiso él, y en la chapuza de después sobre el césped.

El portugués, como tantos otros, se atrevió a echarle un pulso a Florentino y terminó con las maletas en la puerta del Bernabéu. Su marcha, más allá de la egocéntrica y algo materialista personalidad del luso, no fue acorde a lo que hubiese merecido su trayectoria, plagada de goles y momentos decisivos para el Real Madrid. Con permiso de Alfredo Di Stéfano, es el mejor jugador en la historia del club.

Una simple carta resumió la despedida del técnico francés del banquillo madridista. Allí dio su versión de los hechos, dejando claro que su relación con Florentino Pérez había tenido algo que ver para alejarlo del equipo al que había llevado a ganar cuatro Champions

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