La triste historia detrás de la víctima del mejor mate de todos los tiempos, que asombró al mundo hace 21 años

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El 25 de septiembre de 2000, hace 21 años, Vince Carter protagonizó el considerado por muchos como mejor mate de la historia del baloncesto. Fue en los Juegos Olímpicos de Sidney, en un partido entre Estados Unidos y Francia. Carter robó un balón en media cancha y enfiló hacia la canasta sin ningún tipo de miramientos. Saltó y, en el aire, se encontró con los 2.18 del galo Frederic Weis. Pasó literalmente por encima de su rival y se colgó del aro. La imagen dio la vuelta al mundo. Vídeos, fotos, medios de prensa… y una triste historia paralela que casi no se recuerda, en la que la víctima de la jugado llegó incluso a querer quitarse la vida con los años.

Frederic Weis iba para estrella mundial del baloncesto y su nombre estaba en la libreta de varios equipos de la NBA, sin embargo varios fracasos y algunas piedras en el camino le llevaron a una depresión que desencadenó en un intento fallido de suicidio. Los aficionados de los New York Knicks nunca aceptaron su fichaje y el francés llegó a sentirse odiado en la Gran Mazana, mientras que a lo largo de su vida personal pasó por una separación y el nacimiento de una hija autista. Todo eso se fue acumulando en su cabeza y le llevó al alcoholismo, antes del citado intento de quitarse la vida.

Corría el año 2008 y Weis jugaba en el Bilbao Basket. El pívot pasaba por uno de sus peores momentos personales y tocó fondo. Un día decidió marcharse a Francia a ver a su mujer y su hijo, pero de camino dijo basta. Paró su coche en un área de servicio del País Vasco Francés y, tras darse cuenta de que su vida estaba muy lejos de parecerse a todos los sueños que siempre había tenido, y se tomó un bote de sedantes entero.

El galo se despertó a las 10 horas. Su intento de quitarse la vida había fallado. “Fue el momento de mayor suerte de mi vida”, contó Weis en una entrevista para el New York Times. Ni siquiera su esposa se sorprendió por el amago de suicidio de Weis, pero afortunadamente todo quedó en un susto y un enorme toque de atención. El pívot se retiró en 2011, después de haberse reconciliado con su familia y comenzó un camino alejado de sus fantasmas y del baloncesto.

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