Las claves de un Madrid herido para seguir soñando con la final de Estambul

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Como si de una señal de algún ser mitológico madridista se tratara, de esos que, cual meiga, hacen y deshacen en el destino del Real Madrid, este martes en Valdebebas sólo llovió durante el tiempo que duró el encuentro de los blancos ante el Chelsea.

Y llovió mucho, literal y metafóricamente, en un partido de esos en los que nadie se explica cómo el equipo de Zidane logró salir vivo. Y, no sólo eso, sino con la certeza de que nadie le descarta para la final de Estambul. Al fin y al cabo, un 1-1 en contra no parece escollo para una escuadra que, tras una primera parte de asedio y temor, es capaz de imponer la sensación de que “aquí no ha pasado nada”.

El Real Madrid viajará a Stamford Bridge el próximo miércoles para librar la segunda batalla contra la máquina de Tuchel, que cuenta entre en sus filas con gigantes físicos y finos talentos que amenazan la machada blanca. Lo que ocurre es que el equipo de Zidane tiene cromos premium que pueden acabar decidiendo la contienda.

De la portería propia a la ajena. El Real Madrid empieza y acaba con dos seguros de vida que se echan el equipo a la espalda cuando el centro del campo demuestra estar formado por seres humanos que, a veces, también fallan.

El belga, a los cinco minutos del inicio del diluvio universal en la visita del Chelsea, ya dejó como aviso una parada legendaria que salvó a su equipo.

El francés, que lo hace casi todo, fue el artífice del gol que deja con vida a los de Zidane en la competición que mejor conoce.

Entre toda la vorágine de bajas y malabarismos para hacer onces en las últimas semanas, ha habido una gran noticia para los blancos: ya nadie duda de Eder Militao. El brasileño, a sus apenas 23 años y sin haber tenido continuidad, se ha hecho el dueño de la defensa en el tramo más decisivo de la temporada y ante equipos como Liverpool, Barça o Chelsea. Casi nada.

El joven ha compartido mesa y mantel en defensa con Nacho -otra de las grandes noticias- y junto a Varane quien ante el equipo de Chelsea hizo desesperarse a más de uno.

Es, por tanto, lógico pensar, aunque la mente de Zidane es un lugar impenetrable, que será Militao el que acompañe a Ramos en la zaga en el esperado regreso del capitán.

Con la lesión de Carvajal, Zidane encontró en Lucas Vázquez un excelente lateral suplente que no sólo cumplió sino que volvió a ganarse la confianza de la afición. Sin embargo, el de Curtis se lesionó, convirtiendo en misión imposible configurar una defensa.

Pero este martes regresó Dani Carvajal y se espera que Mendy esté a punto para la vuelta en Londres, lo que aliviará a más de uno tras el partido de Marcelo.

Es posible que en diciembre ni siquiera la propia plantilla del Real Madrid, no Zidane, ni Florentino ni los seres mitológicos pensaran que la primavera llegaría de nuevo con esperanza para los blancos. Pero su estación favorita del año que, ya es casualidad, coincide con el tramo decisivo de la temporada, convierte al equipo blanco en un ente que, aun herido, gana sin que nadie se explique por qué.

Pese a las numerosas bajas por lesiones o covid, aún tiene opciones en Liga y está a dos partidos de levantar su decimocuarta Copa de Europa. Una circunstancia que pasa necesariamente por un buen día para el tridente del centro del campo, desactivado ante el Chelsea por el buen hacer de los de Tuchel y porque están fundidos.

Pasa necesariamente por que Hazard, que regresó por fin, dé el golpe sobre la mesa que se espera -con cuidado, Eden, no se lesione- y se anime a dejar su nombre escrito en las grandes noches europeas.

Pasa, necesariamente, porque el Real Madrid vista la actitud que le llevó al tres de tres, cuando, aun sin jugar a nada, no perdía ante nadie.

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