Las lágrimas de Van der Poel tras ganar en el muro de Bretaña y liderar un Tour herido por las negligencias del público

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Pocos dudan de que Mathieu Van der Poel va a marcar una leyenda en el ciclismo mundial. Actuaciones como las de esta segunda etapa del Tour de Francia, con meta en el muro de Bretaña, sólo vienen a confirmar lo que es una certeza desde hace tiempo.

Se puede decir que Van der Poel ganó esta etapa no una, sino dos veces. La primera fue por un ataque cuando restaban aún 16 kilómetros para la meta, después de una jornada mucho más calmada que la inaugural. El del Alpecin Fenix demostró que iba a ser un día para coronarse, porque tras ese arranque después volvió a atacar para neutralizar una eventual respuesta de Nairo Quintana, que lo intentó detrás.

Pero era el día del nieto de ‘Pou-Pou’. El joven neerlandés tenía muy claro que no se le iba a escapar la oportunidad de homenajear a su legendario abuelo, Raymond Poulidor, y lograr lo que este nunca había logrado: vestir el maillot amarillo. Ni siquiera un pinchazo al principio de la jornada le privó de lo que estaba escrito para él.

En el segundo paso por la meta en la jornada, con las lágrimas ya brotando por los ojos, cruzó como vencedor y nuevo líder de la general.

La emoción por poder dedicarle la victoria a su abuelo, recientemente fallecido, fue tal que ni siquiera pudo hablar ante los medios. Roto de emoción, se vengó así de la mala primera etapa, en la que no tuvo un buen día por las caídas que coparon la jornada.

Tras esta etapa, Van der Poel comanda la general con 8 segundos de ventaja sobre un Tadej Pogacar que no pudo en una jornada que estaba llamada para el neerlandés.

Esta vez no hubo que lamentar apariciones estelares de aficionados, ya muy advertidos por la organización desde la misma salida. El ‘pancartazo’ de la primera jornada ha marcado un antes y un después y se espera que durante todo este Tour estén mucho más controlados.

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