Los gritos racistas de la afición húngara contra Inglaterra terminan con los jugadores bebiéndose sus cervezas

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El racismo volvió a empañar el fútbol internacional en Hungría. Después de los lamentables episodios vividos en la Eurocopa de este verano que le valió una dura sanción a los locales, de poco ha servido la concienciación, como se pudo ver en el encuentro de clasificación para Catar 2022 contra Inglaterra que albergó el Puskas Arena.

La selección inglesa ya advirtió que se arrodillaría como señal de protesta contra el racismo, como viene siendo habitual ver antes del arranque del partido en los últimos meses. El gesto de los Tres Leones valió el primer abucheo de la noche por parte de la afición presente en el estadio.

Tras una primera parte más tranquila, los abusos raciales volvieron en la segunda mitad, después de que Raheem Sterling hiciera el primer gol del partido. Un tanto que quiso dedicar a su difunta amiga, la streamer Steffie Gregg, que falleció por el COVID.

Sin embargo, eso no apiadó a los húngaros que comenzaron a imitar los sonidos del mono como insulto racista contra el jugador negro (los mismos que recibió Bellingham calentando), además de lanzar todo tipo de objetos. Entre ellos, algunos vasos de cerveza que los futbolistas británicos aprovecharon, como hiciera Dani Alves con aquel plátano años atrás.

Así, en plena celebración, tanto Jack Grealish como Declan Rice las recogieron y se los bebieron, tomándose de la mejor manera posible un acto tan lamentable. Curiosamente, el del West Ham, admitió antes de la Eurocopa que no le gustaba la cerveza: “Hasta el día de hoy nunca he tomado una cerveza y tengo 22 años… Simplemente no me gusta su olor, así que nunca me he acercado”, contó.

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