Los Juegos Olímpicos de Sidney 2000: símbolo de la lucha contra el dopaje y floja actuación española

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Los primeros Juegos Olímpicos del siglo XXI fueron un símbolo contra el dopaje, incluyendo en el juramento de los deportistas una consigna por el espíritu deportivo.

En Sidney 2000 hubo una masiva afluencia de público durante toda la competición, y las instalaciones de la ciudad australiana fueron catalogadas como unas de las mejores de la historia de los Juegos, incluyendo proyectos de mejora del medio ambiente, sin despreciar el diseño y la estética.

Sin duda, significaron el fin del ascenso de la delegación española en unos Juegos, que tras el triunfo en Barcelona (21 medallas) y Atlanta (17 medallas) -y el posterior repunte en Atenas (17 medallas)- ya que en tierras australianas sólo consiguió once, con únicamante tres oros, los conseguidos por Gervasio Deferr en gimnasia, Joan Llaneras en ciclismo e Isabel Fernández en judo.

Tres platas y cinco bronces completaron el palmarés española. Las segundas plazas fueron para Gabriel Esparza Pérez, en taekwondo, Rafael Lozano en boxeo y la selección nacional de fútbol, mientras que el tercer metal quedó para el dobles de tenis masculino (Álex Corretja y Albert Costa), la natación con Nina Zhivanevskaya en 100 metros espalda, María Vasco en 20 km. marcha, Marga Fullana en mountain bike y el equipo de balonmano.

Fueron los Juegos de Ian Thorpe y Pieter Van der Hoogenband, entre otros, junto a la atleta Marion Jones (que, eso sí, tuvo que devolver los cinco metales conseguidos por dopaje) y el gimnasta Alexei Nemov. También fue el año de Maurice Greene y su dominio absoluto en la prueba de 100 metros lisos.

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