Quique González de Castejón: "Yo me quiero traer una medalla, no se va a unos Juegos para decir 'soy olímpico'"

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Quique González de Castejón (Madrid, 1996) es de esos deportistas que no tienen miedo a nada. La valentía que demuestra en el Club de Campo o en la selección española, los RedSticks, le convierten en un líder nato muy a tener en cuenta en Tokio, donde debutará como olímpico tras quedarse a las puertas en Río.

Su actitud sólo es comparable a su talento: una de las joyas que va a dejar para el futuro Fred Soyez en su último torneo como seleccionador nacional.

Soy Quique González de Castejón, jugador de hockey del Club de Campo y la selección española de hockey. Y estamos preparándonos para los Juegos de Tokio. Ha sido un año muy complicado por el Covid, pero todos partimos de la misma situación. El éxito puede llegar, estamos entrenando mucho y muy bien. Con muchas ganas de que llegue esta cita olímpica.

Me quedé a las puertas de Río, creo que fui el descarte vigésimo, y me quedé con la miel en los labios. He estado cuatro años entrenando cada día, mejorando ese entrenamiento individual para poder estar en esta lista. El año del Covid me ha venido bien: he madurado y fortalecerme para mejorar en mis debilidades. Me encuentro bien y con ganas de afrontar estos Juegos. El equipo puede lograr un éxito. En 2019 conseguimos una plata en Bélgica, aunque este año no se ha podido dar por varias razones. No hemos podido entrenar, coger ritmo y hacer partidos juntos. Ese Europeo ha sido el punto de inflexión para ver de dónde partimos.

Yo personalmente lo afronto con muchísimas ganas. Tengo ese nervio en el estómago, como cuando era pequeño y corría cross en el colegio, que estaba en la salida deseando el pistoletazo de salido.

Sí. Si hay un equipo capaz de ganar a cualquier selección, ahí está España. Veníamos de ser segundos de Europa, de hacer un campeonato excepcional consiguiendo ganar a Países Bajos en semifinales y llegando a ir 4-0 en el marcador. Eso pocas veces se ha visto. El torneo de hace unos meses… bueno, no te lo voy a negar. Somos quintos en el ránking europeo. Ser quintos no es un desastre. Meternos en semifinales es un logro, pero sabemos que no hemos jugado nuestro mejor nivel. Lo sabíamos antes del torneo. No hemos podido entrenar juntos, la liga ha tenido muchos parones por el Covid, no hemos podido viajar juntos… El grupo de Barcelona y el de Madrid hemos entrenado aparte, por ejemplo, y eso se ha notado. Nos ha servido para coger ritmo y esa dinámica de volver a estar juntos y entrenar cosas para Tokio. No ha sido un desastre, yo creo. Es verdad que el último partido contra Francia que perdimos fue un poco desastre, y es uno de esos que no podemos perder. Nos fuimos con mal sabor de boca por ese partido, pero el resto de la competición… Partimos quintos y es el puesto que tenemos que quedar.

(Sonríe) Sí, hay que saber llevarle. Es un entrenador de pocas palabras pero tiene las ideas muy claras. Sabe lo que quiere hacer en cada momento y ha sabido confiar en nosotros. Yo entré muy joven y me ha dado mucha confianza, le voy a estar eternamente agradecido. Ha sido uno de los entrenadores al que más aprecio he tenido. Me hizo debutar muy joven, he jugado muchos torneos con él y he aprendido muchas cosas. Me llevo una sensación muy buena, pese a no haber estado en Río. Por la edad era demasiado joven y no tenía mucha experiencia, era normal. A nivel táctico, técnico y de gestión lo ha hecho muy bien. Logramos una medalla en un europeo, que hacía mucho que no lo lográbamos, y hay que reconocerlo enormemente. Conseguimos un diploma en Río haciendo unos Juegos y podríamos haber llegado más lejos si no hubiera sido un infortunio contra Argentina, pero tanto los Juegos como el Europeo se ha jugado muy bien. Esto de Tokio va a ser la guinda del pastel.

Yo me siento como uno de los jugadores que tienen que tirar de este equipo. Llevo en la selección desde 2014 cuando debuté con Alvarito Iglesias, un íntimo amigo del Club de Campo y de toda la vida, y él me saca tres años. Al final llevamos tanto tiempo juntos, que ya no te sientes como un novato que va con nervios a los torneos. Eso ya no sirve. En 2015 en ese Europeo, con 19 años sin haber jugado muchos partidos, te plantas en una Copa de Europa contra jugadores top como los que había en la selección alemana como Moritz Fürste, o los que había en Países Bajos o Bélgica, que estaba empezando a crecer… Es verdad que ahí te empiezan los nervios, que te tiembla el palo y te quema la bola, que se la lleve otro porque no lo quiero hacer mal. Desde entonces he jugado ya muchos torneos, cuatro Europeos y un Mundial, y ya no soy el Quique novato. Ahora quiero ayudar al equipo en lo que pueda, y si me lo tengo que echar a las espaldas me lo echo siempre con esas ganas de ayudar y querer ser uno más del equipo, y no pasar desapercibido.

Y luego tengo suerte de tener a gente muy experimentada en el equipo: David Alegre va a hacer sus quintos Juegos, Roc Oliva sus cuartos… Tiene 31 años, es joven todavía. Si él quisiese, podría estar en París. Muchos jugadores con muchos Juegos a sus espaldas que nos intentan transmitir esas experiencias que tú no has vivido, y que te transmiten calma de cara a partidos y torneos. Son ellos que tiran del carro, y si ves que ellos no pueden, intentas hacerlo tú y ayudarles. Es un equipo y tenemos que ayudarnos entre todos. En ese aspecto, vamos todos en la misma dirección.

Yo me quiero traer una medalla. Eso está claro. Yo quiero cumplir un sueño, y no ir para hacer un ‘check’. No se va a unos Juegos para volver a Madrid y decir ‘soy olímpico’. Hay que ir a unos Juegos Olímpicos a competir. Con el equipo que tenemos no podemos ir a participar. Tenemos muy claro el objetivo, que es meternos en unas semis y poder ganar el oro. Pero hay que ser realistas. Todas las selecciones partimos de la misma situación, ha sido un año muy complicado para todos. Es verdad que Bélgica tuvo unos años muy buenos, pero en este Europeo se ha visto que no ha estado a la altura de una Alemania o unos Países Bajos. Yo creo que por esa regla de tres, partimos todos de un mismo lado. Queremos meternos en semis y traernos una medalla como sea. Queremos volver de Tokio con una experiencia, pero también con algo más que te pese en la maleta que sea una medalla.

También depende de la disciplina. Hay algunos, como los atletas, que saben el tiempo que hacen o la marca que tienen y no van a hacer más. Y si suena la flauta bien, y si no… pues estoy quince días de vacaciones. Que fenomenal, ¿eh? Si no se puede aspirar a más… Pero España es capaz de todo. Lo hemos visto: hace diez años éramos ‘top 3’ mundiales, ¿por qué no volver a repetirlo?

Complicado. Si te vas fuera de España, sí se puede vivir, pero no a nivel futbolistas o jugadores de baloncesto. Esa gente se retira con 34 años y tiene un colchón para vivir, aquí es complicado. Hay que ir formándose poco a poco. Yo por ejemplo tengo que coger experiencia laboral para seguir trabajando en el futuro. En España muy pocos clubes cobran. Sí se puede vivir, si convives con tus padres o vives en casa. Pero con 33-34 años no se puede no empezar a trabajar, porque nadie tiene un colchón suficiente para permitírselo. O irse fuera de España, aunque ahí los salarios son algo mejores, aunque no son desorbitados. Sí puedes vivir, pero desde los 32-33, si te has formado laboralmente, te irá medianamente bien. Si no, complicado. Vamos, que no vas a poder vivir, básicamente.

Mis amigos, que no veían ningún partido y llevo en el Club de Campo toda mi vida, no me habían visto ningún partido. Y desde hace unos años, cada domingo ya empiezan: ‘Oye, Quique juega, ¿por qué no vamos a verle?’ ‘A mi me da pereza…’. Empezaron yendo dos, luego cuatro y acabaron yendo 17. A día de hoy, con el Covid, no puede ir todo el mundo y ya se pelean por ir. Es un deporte muy vistoso, tradicional y de cara al público es muy divertido de ver. Hay muchos goles, muchas reglas, pasan muchas cosas y al ser colectivo es muy entretenido. Y si vamos con unas ideas claras y ganadoras, es un plus. Es un deporte que nos puede dar muchas alegrías en estos Juegos, y con las ideas claras como las tenemos, qué mejor que recibir todo el apoyo detrás de las cámaras y tener el aliento en la nuca de estar animándonos. Yo sé que mis amigos lo van a estar viendo, aunque se vayan de viaje. En estos años lo he visto y no se han saltado ningún partido. Cada torneo recibía mensajes y sentía su apoyo. Es un deporte que está creciendo mucho, que antes no tenía mucha visibilidad pero se está animando. Conozco padres que con 50 años no conocían nada del hockey y llevan a sus hijos, y ellos se enganchan. Al principio es normal que la gente no sepa de él, pero una vez que te enganchas es imposible dejarlo. A mi me pasaba con el fútbol de pequeño, elegí el hockey y no me arrepiento.

A día de hoy el deporte está evolucionando cada vez más, y hay jugadores que están muy bien de forma con 35, 36 o 37 años. En nuestro caso tenemos jugadores con 37 años, caso de Pau Quemada que está en un estado de forma pletórico. Hay muchos que antes era imposible que llegase en forma a esa edad. Ahora mismo es posible. No sé dónde estaré en 10 años. Sé que hasta París 2024 voy a estar, y a partir de ahí ya será un punto de inflexión. Si lo puedo compaginar bien, sería genial. El hockey es mi vida. Hacer deporte semanalmente te despeja mucho y yo no soy capaz de no coger un stick en dos días. Y si no, lo cojo en casa. Prácticamente duermo con un stick debajo de la almohada. Tanto para mi como para mis padres es hacernos disfrutar, sumar torneos, experiencias… No solo quedarnos con Tokio y París: ¿por qué no más? Si pudiese, llegaría. Hay que ir viéndolo.

Tatuarme no lo sé, no creo. No tengo ninguno. No lo sé, de verdad. Mis amigos están muy empeñados, algunos me dicen que incluso se tatúan ellos. Si ganamos… Lo que está claro es que cogeré el móvil en la celebración y haré fiesta con mis amigos y la familia, y cuando llegue a Madrid, celebrarlo como Dios manda. Una medalla de oro no se gana todos los años. ¡Ni cada cuatro años! Será momento de disfrutar y reconocer el trabajo que hemos hecho durante tantos años. Y disfrutarlo a lo grande.

Lo del tatuaje no sé. Hay mucha gente que se tatúa, pero incluso sin ganar una medalla, así que no sé. Celebrarlo lo celebraré a lo grande. Cuando esté en Ibiza, yo te mando un selfie para que lo veas (risas). No sólo si gano una medalla de oro, ¿eh? Si hacemos un buen puesto también. Al final es el sueño de cualquier deportista y es el mérito de cualquiera, un broche de la carrera deportiva que tenemos.

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