Salen a la luz los detalles del intento de Kyrie Irving de boicot a la NBA que no fructificó porque "no había plan b"

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Kyrie Irving lideró un intento de boicot a la burbuja NBA con la que se terminó la temporada pasada. Con la pandemia obligando a modificar el final de la campaña, el base de los Brooklyn Nets intentó encabezar una revolución para protestar por los abusos policiales contra los afroamericanos que terminaban con muertes como la de George Floyd o el tiroteo a Jacob Blake Contó con el respaldo de algunos jugadores (los menos) y el de todo un icono de la lucha racial en el deporte, pero no logró su cometido. El libro Can’t Knock The Hustle, de Matt Sullivan, destapa ahora la evolución de aquel intento de boicot.

La idea de no terminar la temporada como protesta por los incidentes raciales que conmocionaron el país y llevaron a cancelar algún partido por plantón de los jugadores sobrevoló la NBA tres días antes del inicio de la burbuja de Orlando. Los jugadores jóvenes sin grandes contratos no veían claro dejar de jugar por si la Liga tomaba represalias y no les pagaba aquel año. Finalmente, los representantes de los equipos en la Asociación de Jugadores votaron que se jugase el recta final de la temporada y eso molestó enormemente a un Kyrie Irving que comenzó con su revuelta particular.

El primer paso del base de los Nets fue organizar una videollamada masiva a través de Zoom, en la que le acompañó John Carlos, mundialmente conocido por realizar el saludo del Black Power durante la ceremonia de entrega de medallas de los 200 metros lisos de los Juegos Olímpicos de México 86 junto a su compatriota Tommie Smith. Un icono de la lucha por la igualdad. Irving quería que Carlos transmitiese a los jugadores NBA el mismo consejo que le había hecho replantearse las cosas y que en su momento dio también al reivindicativo jugador de la NFL Colin Kaepernick. “Habéis saltado a la piscina del humanitarismo y esto no es cosa del momento, sino del movimiento. Estáis en ese movimiento ahora mismo y no es hora de silenciar vuestra voz. Es hora de subir el volumen y seguir subiéndolo porque estáis ahí para hablar por los que no tienen voz”.

Esas palabras de John Carlos fueron escuchadas por todos los presentes en aquella reunión por Zoom, incluidos nombres de peso en la Liga como el de LeBron James. Avery Bradley fue quien más apoyó a Irving. “John Carlos dijo que teníamos una oportunidad que quizás no se volviese a presentar en los próximos 50 años”, recuerda Bradley. “Había mucha presión y muchos jugadores nos dijeron que estábamos locos”, confiesa el que fuese miembro de los Lakers. “En nuestro trabajo hay un racismo sistemático” .

Spencer Dinwiddie, de los Brooklyn Nets, se apuntó a la revolución. “Sabía que iba a haber mucha desinformación al respecto para desacreditarnos, así que si no éramos resolutivos el movimiento iba a morir”, explica. Por eso se hizo aquella videollamada masiva. Irving y Bradley se hicieron con la mayor parte de los números de teléfono de los jugadores de la NBA y lo organizaron todo. Buscaban la unión ante una situación muy delicada que los estaba dividiendo. Hubo más de 75 personas en aquella reunión, desde Chris Paul a Russell Westbrook, pasando por Carmelo Anthony, Andre Iguodala, Mike Conley, Joel Embiid, Donovan Mitchell o Kevin Durant, así como la estrella de la WNBA Natasha Cloud. LeBron no estuvo presente.

Kyrie Irving repitió hasta la saciedad la palabra “unidad”, pero no la consiguió. Había muchos flecos sueltos. El propio Carmelo Anthony preguntó qué harían si boicoteaban el final de la temporada y no jugaban. ¿Se iría cada uno a su casa? ¿Lucharían de forma conjunta para cambiar las leyes? ¿Simplemente no jugarían y ya está? No estaba claro cuál era el siguiente paso, y mientras tanto la Asociación de Jugadores ya tenía muy avanzadas las negociaciones con la NBA para garantizar la seguridad de los integrantes de la burbuja que les aislaría de una pandemia de Covid-19 creciente día a día.

Algunos jugadores como Garret Temple vieron en el aislamiento de la burbuja de Orlando un escenario perfecto para organizar esa revuelta que proponía Kyrie Irving. Mientras sólo tenían que dedicarse a jugar y pasar el tiempo entre partido y partido, los jugadores podrían dar forma a un plan específico como por el que preguntaba Carmelo Anthony. Además seguirían cobrando su salario y podrían organizarse para donarlo a comunidades afroamericanas sirviendo como ejemplo.

Sin embargo, fue precisamente el aspecto económico lo que terminó tirando por tierra cualquier idea de boicot. No terminar la temporada y poner en duda la disputa de la siguiente daría derecho a los propietarios a congelar los salarios de los jugadores. Se habló de alrededor de 1.200 millones de dólares en sueldos como ‘seguro’ para las franquicias.

Con la mayor parte de los jugadores sin ingresos millonarios provenientes de patrocinadores y con la vida mucho menos que resuelta, la revolución propuesta por Kyrie Irving quedó en muy buenas intenciones pero sin demasiada sostenibilidad. “Los jugadores que no querían terminar la temporada no tenían un plan b, así que no hubo más opciones que seguir adelante”, admite Garret Temple. “Básicamente la idea era sentarse y esperar a que las cosas sucediesen por sí mismas”.

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