Salen a la luz varios casos de abusos racistas a jóvenes futbolistas del Chelsea en la década de los 90

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Los detalles del caso que investiga desde el año 2018 una ‘cultura de abuso racista’ en el Chelsea han salido a la luz después de que el medio de comunicación The Athletic lograra acceder a los documentos judiciales de la investigación. En los archivos se describen con todo tipo de detalles los casos de violencia denunciados por algunos de los jóvenes jugadores del club inglés en la década de los 90.

Los hechos ocurridos en el seno de la institución deportiva londinense apuntan especialmente a dos trabajadores del club: Graham Rix, ex entrenador del equipo juvenil del club y Gwyn Williams, el director de desarrollo juvenil. Ambos niegan haber cometido irregularidades y lo cierto es que, durante una investigación que duró siete meses la policía no encontró pruebas que obligaran tomar más medidas.

Pese a ello, ambos son piezas clave para entender uno de los casos judiciales más importantes de los últimos tiempos, pues el pleito de cinco semanas que enfrentará a un grupo de exjugadores contra el club el próximo año cuenta con 62 testigos entre los que se encuentran algunos de los nombres más importantes del club en la época de la presidencia de Ken Bates.

Entre las pruebas aportadas por los testigos se encuentran un amplio conjunto de situaciones contrastadas con testigos en las que ambos empleados abusaron física o verbalmente de los jugadores.

A William, descubridor de John Terry y que trabajó muy cerca de Mourinho, se le atribuyen constantes insultos a jugadores negros durante los entrenamientos, además de tocar, con frecuencia, los genitales de los jugadores por encima de sus pantalones y hacer referencia al pene de los jugadores negros en términos despectivos. Ante estas acusaciones, el ojeador ha reconocido haber utilizado reiteradamente ese lenguaje excusándose en que era algo normal en ese momento.

Por su parte, a Rix se le atribuyen golpes en los genitales, puñetazos en la cabeza, pelotazos en la cara e incluso haber provocado quemaduras leves a algunos jugadores con té hirviendo. También se acusa al entrenador de sobrepasarse en el lenguaje.

Ambos técnicos gozan de un historial conflictivo que juega en su contra respecto a estas acusaciones de los jugadores. Williams perdió su trabajo en Leeds, club en el que trabajaría posteriormente, por mala conducta grave en 2013 después de enviar por correo electrónico una imagen pornográfica a una recepcionista. Mientras Rix ha estado tratando de reconstruir su reputación en el mundo del fútbol después de ser sentenciado a un año de prisión, en 1999, por admitir dos cargos de sexo ilegal con una niña de 15 años.

El club está luchando contra las reclamaciones a través de sus asesores, algo que ha sorprendido a los denunciantes al no entender esta férrea defensa después de que el club mostrara su admisión y arrepentimiento público. La defensa se articula en torno a la ausencia de quejas en el momento de los abusos, algo que no era conocido por los altos mandos del club y en que no es razonable un juicio justo más de 20 años después.

Emma Ferguson, abogada que tramita la denuncia de los demandantes ha declarado su incredulidad con la postura del club: “En lugar de buscar reparar a nuestros clientes por este daño, Chelsea confía en las pruebas de los testigos de Williams que afirman que ‘nunca usaría estas palabras hoy’ y que ‘no hubo ninguna intención maliciosa’.

Además opinó sobre la imagen que trasmite el club con su defensa del caso. “La hipocresía de Chelsea al parecer apoyar la vida de los negros en público, mientras se niega a apoyar a las víctimas negras de abuso racista en la búsqueda de la justicia que merecen, simplemente agrava el dolor y el sufrimiento de nuestros clientes”.

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