Una final para España ante Eslovaquia para evitar el desastre absoluto

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La selección española se ha visto abocada a jugar un partido a vida o muerte mucho antes de lo que se esperaba. En un grupo más que asequible, con Suecia, Polonia y Eslovaquia, pocos –o más bien casi nadie– se esperaban que el combinado nacional llegara a la última jornada con el agua al cuello y la necesidad imperiosa de ganar para no arriesgarse a la eliminación.

Las cuentas son claras para la Roja: solo ganar a Eslovaquia en La Cartuja garantiza la clasificación para los octavos de final. Si empata, necesita que Polonia no gane a Suecia para meterse. Si pierde, se verá en la calle a las primeras de cambio.

Mientras otras favoritas se pasean por sus grupos, a España le toca jugársela a cara o cruz. No parece Eslovaquia un rival temible, pero como tampoco lo eran Suecia o Polonia y en ninguno de los dos partidos logró pasar del empate. Ni siquiera jugar como local, con el apoyo de La Cartuja, ha sido suficiente para lograr una victoria en alguno de los dos choques que hubiera garantizado la clasificación.

El ambiente en la selección es de tensión. Las duras críticas de prensa y aficionados por el mal juego desplegado han causado un hondo malestar en los jugadores. Algunos reclaman más apoyo, más jugando en casa ante un público, el sevillano, siempre cercano pero que ya silbó a Álvaro Morata en el primer partido y que está desencantado por la poca cercanía de los internacionales españoles, que ni siquiera saludaron el pasado sábado a su salida del hotel en la capital andaluza.

España llega herida en su orgullo, molesta por comentarios como el de Rafael van de Vaart, que criticó duramente el juego de la Roja. “Es horrible, horrible. Espero que juguemos (la selección de Países Bajos) contra ellos. No tienen nada en ese equipo. Lo único que hacen es pasarla de un lado a otro, no tienen ni a un jugador que sepa dar un pase definitivo”, dijo el exjugador, entre otros equipos, del Real Madrid.

Sus palabras han tocado el orgullo de los internacionales españoles y Koke y Busquets le contestaron con contundencia, pero lo cierto es que su análisis se ajusta bastante bien a lo que se ha visto de España en los dos primeros encuentros: muchísima posesión de balón, poca profundidad y casi nada de gol.

El acierto ante la portería contraria es el gran asunto a resolver, pero también lo es generar más ocasiones, no limitarse a tener el balón por tenerlo. Eslovaquia le va a plantear a los de Luis Enrique un duelo muy similar al de Suecia y Polonia, con muchos jugadores –casi todos– por detrás del balón, renuncia total al balón y en espera de cazar alguna contra, con Hamsík como jugador más peligroso.

El fracaso absoluto y sin paliativos amenaza a España. No clasificarse en uno de los grupos más fáciles de la Euro sería un durísimo golpe para un equipo que lleva muchos años buscando su identidad.

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